miércoles, 10 de junio de 2009

RETROCEDER SIEMPRE, RENDIRSE AHORA: UNA LUZ AL FINAL DEL TUNEL

Luego de una encarnizada lucha entre indígenas y policías (porque el gobierno hasta ahora no ha dado la cara), por fin parece que la calma vuelve a un país, de por sí, bastante convulsionado social y políticamente. ¿Qué era necesario para que cese esta masacre entre peruanos? A lo mejor AGP quería ver hasta donde llegaban los indígenas con sus reclamos (hicieron prevalecer sus derechos hasta las últimas consecuencias), quizás esperaba que las fuerzas policiales, con su acostumbrada reprensión digitada, dejaran al margen a los verdaderos interesados en el tema. Nada de eso sucedió, muy por el contrario, el saldo de una irresponsabilidad gubernamental y social (hasta cierto punto), ha dejado decenas de familias enlutadas y un país con heridas crónicas.

Se dice que el D.L 1090 sería anulado – hoy – por el congreso. Acto que hubiera evitado un conflicto de proporciones sangrientas solo vistas en una cinta de Quentin Tarantino. Pero no puedo dejar de mencionar que la actitud adoptada por muchos indígenas y demás personas involucradas en la “batalla de Bagua”, fue irresponsable, reprochable e irracional. Esta bien que la gente reclame y busque hacer respetar sus derechos, pero de forma pacifica y mediante un diálogo mesurado. Tanto fue la terquedad del gobierno (y de AGP particularmente) para que al final termine derogando una ley que causo muertes innecesarias. El Perú es un país multicultural, donde no algunos piensan como el resto y el resto no piensa como algunos.

La Amazonía le pertenece a los 28 millones de peruanos, no es exclusividad de un grupo de personas. Durante años ha sufrido el abandono y el olvido de los gobernantes nacionales. Es correcto el reclamo de los indígenas porque ven vulnerados sus derechos, pero también es importante entender que concesionar áreas en las inmensas extensiones de terreno existentes en la selva peruana puede generar ingresos sustanciales para el gobierno (que al final es el que distribuye el dinero en el país). Los indígenas tienen terrenos que les pertenecen, claro que si, pero también el gobierno cuenta con tierras para aprovecharlas en investigación y producción (a través de las concesiones).

Siempre que ocurren esta clase de problemas, los políticos de oposición son los primeros en salir a reclamar y armar escándalo. Muchas veces son los responsables del desorden y el caos entre sociedad y gobierno. Agarrarse (o colgarse con afanes proselitistas) de un problema para figurar en los medios como el “gran defensor” de los pueblos indígenas es una irresponsabilidad, el que lo hace debería mantenerse al margen de las cámaras y los flashes. Así se cierra (espero) otro capítulo triste de nuestra historia. La herida tiene una costura muy endeble, el hilo se puede romper ante cualquier movimiento brusco (en este caso del gobierno). La calma ha vuelto al país, ojala que perdure de ese modo, sino, seguiremos informando.

Mención aparte merecen los medios de comunicación, quienes han jugado un rol decisivo para que la verdad se conozca de forma rápida y verdadera (en algunos casos). Aunque algunos dicen que la prensa extranjera informó de un modo distinto al de la prensa peruana, solo por que estos hablaban de un número de muertos y heridos mayor al que informaban el gobierno y los medios. No se puede saber cuanta injerencia o que vínculos mantiene el gobierno con los dueños de los medios de comunicación, lo que si es cierto, es que no dejaron de hacer su trabajo pese al complicado acceso a las zonas de conflicto.

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